Javier Fernández Lanero
Javier Fernández Lanero

Pueden dedicar muchas horas y muchos días en plantear tesis que justifiquen el desacuerdo. Cada cual puede argumentar acontecimientos del pasado reciente y del muy lejano para acreditar el desencuentro, pero la realidad que tenemos es que en los próximos años no va a haber mayorías absolutas y, desde luego, no va a haber mayorías absolutas de Podemos, PSOE o IU.

Por tanto, están condenados a ponerse de acuerdo o a morir en el intento, y en esta legislatura se juntan el momento y la oportunidad, pues nunca hubo tanta corrupción, al menos conocida, y nunca un gobierno tan involucrado en ella. Dejar el tiempo pasar para ver primero quien es más en la izquierda, o jugar al izquierdómetro, solo servirá para dar alas a una renovada derecha que sin las caras actuales vuelva a revalidar un futuro gobierno de derechas.

No es un problema de que los partidos de izquierdas no puedan pactar con partidos de derechas presupuestos, acuerdos, reformas etc., pero gobernar un país, una comunidad autónoma, una ciudad, es otra cosa. Requiere tener un plan, un modelo, establecer bases sólidas sobre las que queremos que se asiente nuestro país y nuestra sociedad. Y esto no depende de acuerdos puntuales entre izquierdas y derechas, sino de un pacto a largo plazo entre partidos de izquierdas para que estos cimientos se estructuren en torno a unos servicios públicos de calidad, el sostenimiento del estado del bienestar, la justicia social, la democracia, la libertad y la igualdad. Todo ello en un marco de transparencia para que estos valores sean percibidos por la ciudadanía.

Pero no es posible acordar si en el discurso priman más las frases que suenan bien aunque estén vacías por dentro; si prevalece el populismo de la palabra sobre la verdad de los hechos y si los odios, los rencores, las fobias y los tacticismos se anteponen a los intereses de la clase trabajadora y de la ciudadanía, pues precisamente el principal acuerdo de los partidos de izquierdas debe ser el compromiso de gobernar siempre poniendo en el epicentro de las políticas a las personas.

No creo que nadie juegue al despiste pensando que los demás somos tontos o ciegos, pero si no son capaces de ver la difícil y extrema situación por la que pasa mucha gente y hacer algo al respecto, entonces estaremos condenados todos, ellos y nosotros.

Conviene recordar que la izquierda no es un posicionamiento político, es un sentimiento que se lleva dentro, de lucha por conseguir el bien colectivo y el progreso de toda la sociedad, sin distinguir clases y sin dejar a nadie en el camino. Es un sentimiento donde la solidaridad, la justicia social y el inconformismo alcanzan su máxima expresión. Y más allá de las palabras y de las buenas intenciones, eso se tiene o no se tiene.

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