Queremos hacer un llamamiento a toda la sociedad: erradicar las violencias machistas es una responsabilidad colectiva. Y esto implica no ser cómplices del silencio. Afirmamos que ninguna mujer debe vivir con miedo, que ninguna forma de violencia es tolerable y que el silencio no es una opción.

Hace menos de una semana veíamos cómo a plena luz del día asesinaban a una mujer a puñaladas. El asesino era su expareja, un hombre con varias denuncias, las dos últimas los dos días anteriores al del asesinato. Menos de dos horas después de dejarlo en libertad, cumplió su objetivo y acabó con la vida de su víctima, en plena calle y a las 3 de la tarde, sin que nadie pudiera hacer nada. La víctima tenía más de 20 heridas. Una vez más, el sistema ha fallado.

Y denunciamos, como no puede ser de otro modo, la violencia que mata, pero también la que humilla, la que controla, la que invisibiliza y la que somete. La que se ejerce en el ámbito íntimo y la que tiene lugar en los espacios públicos.

Las violencias machistas se sostienen en creencias arraigadas que creíamos superadas pero que están volviendo con fuerza: que los hombres tienen derecho a dominar, que las mujeres deben adaptarse, que el cuerpo y la vida de las mujeres pueden ser controlados. Estas ideas no son inofensivas, como se pretende normalizar, sino que alimentan y legitiman la violencia.

Estamos hartas de que se cuestione a las mujeres, hartas de que se minimicen las agresiones y de que la violencia se normalice, llegando las actuaciones cuando ya es demasiado tarde. La violencia machista no empieza con un golpe. Empieza con el control, con el desprecio, con la desigualdad, con la idea de que las mujeres somos menos válidas, que debemos obedecer o que se nos puede poseer. Esa violencia se manifiesta en todos los espacios: en el hogar, en la calle, en el trabajo…

Se expresa en el miedo a volver solas a casa, en palabras que humillan, en gestos que intimidan…Y no son exageraciones ni percepciones, son realidades. Se nos quiere calladas, complacientes, invisibles. Pero ni lo estamos ni lo estaremos.

Rechazamos todas las formas de violencia, así como la culpabilización de las víctimas, la minimización de las agresiones y la indiferencia social.

Reclamamos:

  • Tolerancia cero frente a cualquier forma de violencia machista.
  • Responsabilidad institucional real, eficaz y sin dilaciones.
  • Igualdad real y efectiva en todos los ámbitos.
  • Educación en valores de respeto y convivencia desde edades tempranas.

Porque la igualdad no es un ideal lejano: es una urgencia.

Porque vivir libres de violencia es un derecho fundamental.

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