Este mes de agosto está siendo particularmente violento contra las mujeres en Asturias. Hemos asistido rotas de dolor a la concentración de repulsa por el asesinato de Laura Cruz en Llanes, aún sin entender como pudo ocurrir. Cómo es posible que fuéramos incapaces de protegerla. Laura, una guardia civil de 50 años fue asesinada a tiros el 5 de agosto en el cuartel de la Guardia Civil de Llanes por su expareja.
Según la investigación, el agresor había estado destinado anteriormente en el cuartel de Llanes y accedió al recinto por un lugar distinto de la puerta principal que conocía de su etapa de servicio. Días antes había recibido la resolución de separación definitiva del servicio de la Guardia Civil como consecuencia de expedientes disciplinarios derivados de un procedimiento por violencia de género. El agresor irrumpió en el acuartelamiento poco antes de las 13:30 horas, disparó contra la mujer mientras se encontraba de servicio e intentó huir. Durante la intervención de los agentes para detenerlo, un teniente resultó herido de gravedad por un disparo en una pierna.

El agresor fue alcanzado por los disparos efectuados por un brigada y otros agentes para repeler la agresión y evitar su fuga. Tras ser atendido por los servicios sanitarios, falleció durante su evacuación en una UVI móvil.
Laura figuraba en el sistema VioGén por denuncias previas de malos tratos contra su expareja. Según las informaciones conocidas, el hombre había sido condenado por violencia de género y la víctima había contado anteriormente con medidas de protección, entre ellas una pulsera de seguimiento, que ya no estaban activas cuando ocurrió el asesinato.
Y la pregunta es ¿Por qué dejo de protegerse a Laura? ¿Quién pensó que estaba fuera de peligro? ¿Cómo dormirá tranquila la persona responsable? ¿Cómo pudieron admitirse las 45 denuncias que el asesino interpuso contra Laura? Denuncias, estas sí, todas falsas. Laura deja a un hijo de 18 años y a dos niñas de 14.


Pero el horror del terrorismo machista no da tregua. Ese mismo día 5 por la tarde asesinaron a Gloria en Murcia. Lo hizo su expareja y lo hizo mientras ella trabajaba. Gloria deja una niña de 5 años. El presunto autor había sido condenado el 15 de abril de 2026 por un delito de malos tratos en el ámbito familiar cometido contra quien era su expareja. La sentencia, dictada por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Murcia, le imponía, entre otras medidas, la prohibición de aproximarse a menos de 500 metros de la víctima, de su domicilio, lugar de trabajo o cualquier otro lugar en el que se encontrara, así como la prohibición de comunicarse con ella durante dieciséis meses.


Y no tenemos que lamentar más asesinadas gracias a la intervención de la ciudadanía cada vez más concienciada. El jueves día 13 una joven fue agredida en Mieres en las inmediaciones del centro comercial en el que trabaja cuando estaba llegaba al apeadero del tren al terminar su jornada. El agresor, que tenía una orden de alejamiento, asaltó a la víctima y le propició varios golpes, llegando a ocasionarle diversas lesiones en la cabeza. Varias personas alertaron a la policía de la agresión, lo que probablemente le salvo la vida.
El viernes día 14 en Gijón, otra mujer fue brutalmente atacada por la espalda y con un cuchillo cuando se dirigía a su trabajo. Al implicado también se le atribuye un delito de quebrantamiento de condena. Esto es porque tenía una orden de alejamiento sobre la mujer impuesta judicialmente.
Por desgracia el punto en común que tienen es que sus agresores sabían dónde podían encontrarlas, en sus puestos de trabajo, cuando van o cuando vuelven. Las rutinas y los horarios también nos ponen en peligro. Es donde el asesino acecha y actúa. ¿Qué está pasando? ¿Por qué no se cumplen las órdenes de alejamiento? ¿Por qué no se cree a las mujeres? ¿Por qué no se controla a estos asesinos en potencia?
Faltan recursos, falta conciencia. Mientras tanto seguiremos en las calles, en las administraciones y en los entornos laborales denunciando la desigualdad que nos cuesta la vida.

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