Concentración y minuto de silencio | 9 de octubre de 2026

Hoy nos concentramos ante las sedes de UGT y para recordar a Maricarmen Abascal, acompañar en el dolor a sus familiares y seres queridos y denunciar una injusticia que nunca debería haberse producido.

Maricarmen falleció el pasado 7 de octubre, a los 87 años, después de haber sido expulsada de la vivienda en la que había vivido durante más de setenta años. Una casa por la que siempre había pagado su alquiler, donde había construido su vida y donde quería terminar sus días.

El 23 de septiembre fue desahuciada. Su avanzada edad, su discapacidad y su vulnerabilidad no fueron suficientes para impedirlo. Aquel día salió de su casa en una camilla. Dos semanas después falleció en un hospital, sin haber podido regresar a su hogar.

Maricarmen no debería haber sido desahuciada. No debería haber pasado sus últimos días alejada de su casa. No debería haber tenido que enfrentarse, a los 87 años, a la angustia de perder su hogar frente a quienes habían convertido su vivienda en un negocio.

Aunque no podemos establecer una relación médica directa entre su fallecimiento y el desahucio, sí denunciamos el enorme sufrimiento al que fue sometida y la incapacidad de las instituciones para protegerla. Lo ocurrido no fue inevitable, sino consecuencia de decisiones económicas, insuficiencias legales y responsabilidades políticas. Es el resultado más bochornoso y cruel de un sistema que permite que la rentabilidad de una inversión prevalezca sobre la necesidad de una persona vulnerable a conservar su hogar.

Hoy, hay quieren manchar la imagen de Maricarmen, diciendo que era una ocupa o que tenía mucha “jeta” por pagar tan poco en el centro de Madrid. La realidad, de su vida es que ella nunca jamás había dejado de pagar su alquiler en 70 años. Ella no pedía ningún privilegio. Era una mujer trabajadora, jubilada después de toda una vida laboral, que simplemente quería permanecer en su casa. Pero también fue ejemplo de la dignidad de quienes se niegan a aceptar una injusticia.

Desde el hospital, consciente de la movilización que había despertado su situación, tuvo fuerzas para enviar un mensaje a quienes defendían su derecho a permanecer en su vivienda:

«Os pido a todos valor, defended lo que es vuestro».

Estas palabras son hoy una responsabilidad colectiva.

Su lucha consiguió movilizar a miles de personas y organizar redes de solidaridad. Desde UGT reconocemos especialmente el trabajo del Sindicato de Inquilinas y de todas las organizaciones y personas que la acompañaron, que intentaron impedir su desahucio y siguieron peleando hasta alcanzar un acuerdo para que pudiera regresar a su vivienda.

Lo sucedido con Maricarmen revela el fracaso de nuestro modelo de vivienda. Un modelo en el que fondos de inversión, grandes tenedores y empresas inmobiliarias acumulan enormes beneficios mientras millones de personas viven con miedo a una subida del alquiler, a no poder renovar su contrato o a perder su hogar.

Un modelo en el que tener un empleo ya no garantiza una vivienda digna. Donde las subidas salariales conseguidas mediante la negociación colectiva terminan absorbidas por alquileres cada vez más elevados; la juventud no puede emanciparse y muchas familias trabajadoras destinan una parte desproporcionada de sus ingresos a pagar un techo.

Además, su caso también es el resultado de un sistema profundamente machista, porque a ella le acusaban de que ya no podía continuar con su renta antigua ya que habían pasado dos sucesiones de la titularidad que es lo que marcaba la ley de renta antigua. No obstante, una de las sucesiones era la de su padre a su madre, la del hombre a la mujer. Esta sucesión se da en todos los casos porque las mujeres en la época de Franco tenían prohibido ser titulares de un contrato de arrendamiento.

El caso de Maricarmen, no es el único, también recordamos a Amparo de Santander, que falleció también al ser desahuciada tras años de peleas judiciales o a Olga y Javier, que se quitaron la vida recientemente en L`Hospitalet al perder también sendos hogares. Y así, hasta miles de nombres desde que estalló la crisis financiera de 2008. Todas ellas, son víctimas de una violencia económica de especuladores y entidades financieras que han convertido nuestros hogares, en bienes financieros y a nosotros, los inquilinos, en estorbos a eliminar.

Y no nos podemos olvidar de los responsables políticos. Las de quienes gobiernan sin adoptar medidas suficientes, las de quienes bloquean reformas para proteger a las personas vulnerables y las de las administraciones que no han desarrollado un parque público de vivienda capaz de ofrecer alternativas reales.

El reciente rechazo parlamentario de los decretos de emergencia habitacional demuestra que hay fuerzas políticas dispuestas a bloquear incluso medidas urgentes de protección frente a los desahucios y los abusos del mercado.

Desde UGT exigimos recuperar y reforzar estas medidas: impedir los desahucios de personas vulnerables sin alternativa habitacional; regular los precios del alquiler y evitar subidas abusivas; garantizar la estabilidad residencial; ampliar de forma sostenida el parque público de vivienda asequible y protegido frente a la privatización; movilizar las viviendas vacías y frenar los usos especulativos, turísticos y temporales que expulsan a la población de sus barrios.

Y exigimos salarios dignos, porque la crisis de vivienda también es una crisis de distribución de la riqueza. No podemos aceptar que el crecimiento económico se traduzca en mayores beneficios para unos pocos mientras las personas trabajadoras pierden capacidad para desarrollar su proyecto de vida.

Estas son algunas de las razones por las que UGT y CCOO hemos convocado una huelga general para el próximo 11 de noviembre.

Hacemos esta huelga contra la inacción de quienes tienen responsabilidades de gobierno y contra los intereses económicos que se benefician de esta crisis. Para exigir a todas las administraciones que actúen y dejar claro que la clase trabajadora no está dispuesta a seguir sosteniendo con sus salarios los beneficios de la especulación inmobiliaria.

Porque el verdadero poder al que debemos enfrentarnos no se limita a los gobiernos que cambian con las elecciones. Está también en los grandes intereses económicos y en las élites inmobiliarias y financieras que condicionan las decisiones públicas para preservar sus privilegios.

Y a ese poder tenemos que torcerle el brazo mediante la organización, la unidad y la movilización de la mayoría social.

La muerte de Maricarmen añade una razón más, dolorosa e irreparable, para salir el 11 de noviembre a ganar esta huelga. Para conseguir medidas concretas, cambiar las reglas que permiten estos abusos y obligar a los poderes públicos a situar el derecho a la vivienda por encima de los intereses especulativos.

Hoy guardaremos un minuto de silencio por Maricarmen. Pero nuestro compromiso no puede quedarse en el silencio. Tenemos que llevar esta reivindicación a los centros de trabajo, a los barrios, a nuestras secciones sindicales y a los comités de empresa. Porque defender los salarios y defender la vivienda es una misma lucha.

Hoy le rendimos homenaje con dolor, respeto y gratitud. Y asumimos el compromiso de continuar su lucha y su ejemplo.

Por Maricarmen. Por todas las personas que han perdido su hogar. Por quienes tienen miedo de perderlo. Por quienes trabajan y no pueden acceder a una vivienda. Por el derecho a vivir y envejecer con dignidad.

El 11 de noviembre, a la huelga general.

Sin vivienda digna no habrá paz social.

Gracias, Maricarmen. No olvidaremos tu ejemplo. Descansa en paz.

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