Al menos 46 mujeres y tres menores han sido asesinados en 2025 por violencia de género. Las cifras no sirven para mitigar el dolor de familias rotas por la violencia machista, pero dan cuenta de la magnitud y la necesidad de acabar con esta barbarie.
Sabemos que contar con normativa y consenso social no es suficiente para terminar con las violencias de género. Se requiere de transformaciones estructurales profundas, como un cambio de cultura que prime la tolerancia cero hacia las violencias, acompañado de acciones institucionales de la mano de unos poderes públicos sin sesgos de género que cumplan con la norma.

Es imprescindible por tanto contar con un marco legislativo adecuado, avalado por el consenso parlamentario, que ayude también a parar el auge de los discursos negacionistas reaccionarios sobre las violencias machistas. Discursos que perpetúan un problema estructural, social e histórico, cuyo objetivo último es subyugar a las mujeres por el simple hecho de serlo.
Desde CCOO y UGT continuamos en nuestro empeño por acabar con todas las formas de violencia contra las mujeres, tanto dentro como fuera de las empresas.

Asumimos nuestra responsabilidad sindical para continuar en esta lucha y avanzar hacia una sociedad libre de violencias de género. Las desigualdades sexistas persisten aún, tanto en la esfera de lo privado como de lo público, ya que su raíz es el sistema patriarcal. La manifestación más extrema y cruel de estas desigualdades es la violencia contra las mujeres.
Necesitamos enfrentar asimismo la violencia vicaria, una forma sobrecogedora de violencia hacia las mujeres. Frente a los discursos retrógrados, lo que se requiere es educación para la igualdad y más políticas públicas dotadas de suficiente presupuesto. Lo mismo sucede con el resto de las violencias contras las mujeres que, sin llegar al extremo de los asesinatos, cercenan los proyectos de vida de tantas y tantas mujeres víctimas de violencias sexuales, económicas, digitales, instituciónales…

Todo nuestro activo sindical en las empresas se pone a trabajar para prevenir, combatir y erradicar toda manifestación de las violencias de género en los centros de trabajo, pero también para hacerlo con las mujeres que las padecen fuera de las empresas.
Somos organizaciones feministas y la fuerza nos confiere este poder hace que nuestra actuación sindical frente a las violencias de género sea de vital importancia para pararlas y proteger a las víctimas. Una mujer que sufre violencia de género puede verse afectada por la pérdida de habilidades sociales, el descenso de la autoestima y la aparición de emociones como la culpa o la vergüenza. Además, se encuentra en posición de indefensión y no sabe qué hacer.

Y es que existen derechos laborales específicos para las mujeres víctimas de violencia de género y violencias sexuales que forman parte de su protección social y de su recuperación integral, como reordenar el tiempo de trabajo, reducir su jornada, teletrabajar, cambiar de centro, etc.

Por ello, es imprescindible que tanto el Gobierno central como los autonómicos y locales dediquen mayores recursos para garantizar servicios públicos de prevención y de atención integral a las víctimas de todas las violencias machistas, sustentados por el empleo público de calidad.
NO MÁS VIOLENCIAS MACHISTAS.
LA VIOLENCIA MACHISTA LA PARAMOS UNIDAS
TODAS Y TODOS







