Escultura "Pistola anudada" (Nueva York).
Carmen Escandón, secretaria de Igualdad de UGT Asturias.

Hoy, 2 de octubre, se celebra el día internacional de la No Violencia coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi, que condujo a la India hacia su independencia rechazando la violencia.

Llama la atención que en casos como este, lo que sería natural y deseable, la pacífica convivencia que permite el progreso de la sociedad, tenga que definirse en negativo (no violencia). A menos que nuestra confianza en el ser humano haya desaparecido y no nos visualicemos capaces de aquélla. Me resisto a creerlo, a riesgo de ser tildada de buenista.

El principio de la “no violencia” pretende una sociedad en paz, tolerancia y comprensión. En palabras de Ghandi «la no violencia es la mayor fuerza a disposición de la humanidad. Es más poderosa que el arma de destrucción más poderosa concebida por el ingenio del hombre” o de la mujer “(me permito añadir) .

Desde luego, si invirtiéramos toda nuestra energía en poner en común empatía y tolerancia, respeto y moderación, el mundo sería un lugar mucho más habitable y buena parte de las desgracias que a diario ocurren en él simplemente no se darían. Lejos de esto, y por extrañas razones que nos alejan del positivismo, nos dejamos llevar por nuestro “lado oscuro” y contribuimos a todo lo contrario, maquinando a diario en perjuicio del prójimo y no en beneficio del bien común.

Precisamente estos días vivimos una situación no deseable en nuestro país que nos aleja un poco más de ese escenario de no violencia, y que afecta a una parte de nuestro territorio, de nuestra gente. Una situación enquistada que en los próximos días tendrá un desenlace judicial, pero que parece lejos de una solución política que debió buscarse hace tiempo y que deseamos, necesitamos.

Lo expresa muy certeramente un personaje de la película “Luz de domingo” rodada en Asturias y que esta semana ha repuesto la cadena 2 de TVE; una mujer sudamericana que vive en un pueblecito asturiano y le dice a uno de los protagonistas, Alfredo Landa (en su última interpretación) “Cómo son ustedes, (los españoles), no se alegran por las cosas buenas que les pasan a diario. Sólo disfrutan con todo lo malo que les pasa a los demás”.

La película por cierto, es un cuadro perfecto de todo lo contrario a lo que hoy celebramos; está plagada de situaciones de violencia, violencia física, verbal, institucional, etc. Desde el personaje del cacique político, con todo el poder y sin ningún escrúpulo, que se cree inviolable y no sujeto a responsabilidad, hasta el vecino tranquilo capaz de sacar lo peor de sí mismo cuando le atacan y se toma la justicia por su mano en un acto final de reparación de la “honra”, pasando por la mesura contenida de un secretario de Ayuntamiento al que recriminan su “falta de sangre” por no responder a la violencia con más violencia y capaz de pronunciar una frase lapidaria para la época “los deshonrados son ellos, ella es la víctima”. Y la protagonista principal, objeto de la más execrable de las violencias, la violencia machista ejercida sobre la mujer por el mero hecho de serlo. Y digo objeto porque así es tratada la mujer en general, objeto del deseo del hombre, un ser menor al que proteger y tutelar, o contra el que dirigir las mayores violencias, si queremos hacerle daño a ella o a otro a través de ella. En palabras de Simone de Beauvoir, “el segundo sexo”.

Y así se escribe la historia de la violencia de género que sólo en España cuenta ya 45 mujeres asesinadas en lo que va de año y dos menores, víctimas de la violencia vicaria, esa que ejercen los asesinos de mujeres cuando queriendo infligir en la mujer el mayor daño posible, lo hacen sobre sus hijos e hijas.

En palabras de Nuria Varela, La violencia de género VG es un género distinto de violencia que tiene características únicas. Ningún otro tipo de violencia combina estos dos aspectos: magnitudes escalofriantes y desdén por su erradicación”.

Magnitudes escalofriantes porque desde que tenemos estadísticas en 2003, ya son 1020 las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas (así que no están todas, porque aún no se aplican los criterios del Convenio de Estambul que ratificamos en 2014). Y desdén por su erradicación, porque ni siquiera cuando todos los partidos políticos se ponen de acuerdo en la firma de un Pacto contra la VG que acaba de cumplir 2 años (aunque uno se abstuvo en la aprobación final). Ni siquiera entonces se ponen de acuerdo realmente para exigir a todos los estamentos e instituciones la aplicación rigurosa de la normativa nacional e internacional vigente. Y lo más importante, ni siquiera entonces son capaces de acordar la dotación presupuestaria necesaria, la que sea, para acabar con este terrorismo machista, como en su día sí se acordó para acabar con el terrorismo etarra. Por más que el monto nos parezca elevado, ni todo el dinero del mundo sería mucho cuando hablamos de salvar vidas, porque de eso hablamos cuando hablamos de violencia de género, de Vidas de mujeres, de derechos humanos, y de las vidas de sus hijos e hijas, porque no hay mayor muerte que la muerte en vida de esas criaturas que conviven a diario con el terror y el miedo en sus casas. Todxs somos en parte responsables de esta realidad.

Todxs sin excepción podemos, debemos contribuir la no violencia que hoy celebramos. Basta con aplicar en nuestro quehacer diario esa máxima sencilla pero que parece que tanto esfuerzo reclama de nosotrxs “vive y deja vivir, y donde haya conflicto, ayuda a resolverlo”. Sirve para todos los órdenes de la vida, también para la labor sindical que desde UGT estamos obligadxs a llevar a cabo por nuestros 131 años de historia.

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