Nicanor Piñole. Recogiendo la manzana (1922). Imagen: Museo de Bellas Artes de Asturias.
Carmen Escandón.

Apenas dejamos atrás un mes de septiembre aciago en cifras de la vergüenza con 11 asesinatos por violencia de género (9 mujeres asesinadas por el mero hecho de ser mujeres, y 2 niñas que pasan a engrosar estos repugnantes datos) porque el sistema no es capaz de protegerlas y dar respuesta al terrorismo machista “porque el machismo es el sistema” (Miguel Lorente).

Y nos adentramos en un mes de octubre repleto de fechas importantes para las mujeres: 11 de octubre, día internacional de la niña; 15 de octubre, día internacional de la mujer rural; 17 de octubre, día de las escritoras; 19 de octubre, día mundial contra el cáncer de mama (los hombres representan apenas el 1% de las 26.000 personas diagnosticadas cada año de cáncer de mama).

Nos parece oportuno recordar que, según Save The Children, más de un millón de niños y niñas son víctimas de trata con fines de explotación sexual en el mundo. Y dos de cada tres víctimas infantiles son niñas. Y según Amnistía Internacional, tres millones de niñas por año son víctimas de MGF (mutilación genital femenina) en veintiocho países diferentes, con todas las consecuencias negativas para su salud física y mental; práctica que ONU se ha propuesto erradicar en 2030 incluyéndolo como prioridad en los ODS (objetivos desarrollo sostenible).

Y qué decir de la invisibilización de las escritoras por tantos siglos, algunas ocultas tras los pseudónimos masculinos, otras desarrollando su labor como “negro” de algún “ilustre”, y tantas solapadas por el mero hecho de ser mujeres. Nada distinto de lo ocurrido con otras profesionales y artistas, pintoras, escultoras, etc. Vaya nuestro recuerdo para las Sin Sombrero, a la sombra de sus colegas masculinos de la Generación del 27. “¿Por qué no podremos ser nosotras sencillamente sin más, no tener nombre, ni tierra, no ser de nadie ni nada, ser nuestras, como son blancos los poemas y azules los lirios?“, escribía Ernestina de Champourcín a Carmen Conde el verano de 1928.

Sin pretender dar más importancia a un día sobre otro, hemos querido poner hoy el acento en la mujer rural. El Día Internacional de las Mujeres Rurales (15 octubre) se estableció en la Conferencia Mundial de las Mujeres que Naciones Unidas organizó en Pekín en 1995. Allí los gobiernos de todo el mundo reconocieron que la desigualdad entre mujeres y hombres afecta especialmente a las mujeres rurales que suponen la espina dorsal de la vida de su comunidad.

En una sociedad envejecida como la nuestra, especialmente en Asturias, volver la mirada a lo rural es obligado, aunque no sea sencillo porque la orografía o la conformación del territorio dificultan los accesos y generan aislamiento, y con ello brecha digital y tecnológica. La mujer rural está llamada a ser, con toda seguridad, el eslabón que permita dar continuidad a la cadena entre el desarrollo urbano exhaustivo y en declive (envejecido como la población que en él habita), insostenible al fin; y el desarrollo rural incipiente, apegado al territorio, a su gente, en el que las personas sean y estén en el centro de la decisión, y sontenible al fin.

Y con estas premisas, hemos de facilitar la titularidad compartida de las explotaciones agrarias, porque aunque la normativa data de 2011, a fecha de hoy aún es insignificante su impacto, con el consiguiente perjuicio para estas mujeres, que tras una vida entera trabajando al mismo nivel o más que el titular de la explotación, percibe en último caso una pensión de viudedad exigua. De este modo, la primacía del hombre sobre la mujer en el mundo rural se sigue perpetuando, sin razón ni sentido alguno. Y las desigualdades se acentúan, y se hacen visibles en la vida de la comunidad rural, en la que las mujeres viven con especial virulencia realidades como la violencia de género, agravadas por el aislamiento, el miedo al reproche social si denuncia, dificultades de movilidad, etc.

Es necesario poner en valor el trabajo invisibilizado de la mujer rural, a cargo de todo lo relacionado con los cuidados y sin suficiente reconocimiento jurídico, económico y social. Y es necesario potenciar sus saberes y conocimientos que pueden ser fuente de nuevos emprendimientos, ya sea en nichos de mercado nuevos o no tanto, pero que permitan un desarrollo personal y profesional equilibrado, y faciliten a la postre la fijación de población tan esencial. Y es necesario, al fin, evitar que se frivolice en torno a la realidad de la vida rural, ofreciendo una imagen distorsionada de la misma, porque son muchas las ventajas de esta opción pero no es menos cierto que el esfuerzo y la dedicación son diarias y continuas, como bien podría acreditar la recién homenajeada con el galardón de la Red Asturiana de Desarrollo Rural (READER) a la mujer rural del año, Isabel Álvarez, de Ibias.

Por otro lado, hacer hincapié en el espíritu emprendedor de la mujer rural que ha hecho que según datos de la Dirección General de Desarrollo Rural y Agroalimentación del Principado de Asturias, de los 205 expedientes del ticket rural gestionados, 123 (el 60%) hayan correspondido a mujeres, demostrando que otra economía es posible en el medio rural. Y esta puede ser una vía a explorar para evitar, por ejemplo, lxs más de 15.700 jóvenes que han abandonado nuestra región con motivo de la crisis desde 2008.

Para finalizar, recordar que el día 17 de octubre se celebra también el día mundial de la erradicación de la pobreza. Según informe FAO (Organización de ONU para la alimentación y agricultura) para erradicar el hambre es fundamental que las mujeres de las comunidades rurales tengan mayor acceso a la propiedad de la tierra, ya que aunque somos entre el 51-52 % de la población mundial, apenas tenemos la propiedad del 2% de la tierra. En UE, a pesar de la PAC (política agraria común), ellos controlan el 61% de la tierra, frente al 12% que tenemos nosotras. Por tanto, es urgente aplicar perspectiva de género también en políticas estratégicas que inciden en la despoblación y envejecimiento, ranking que España tiene el dudoso honor de encabezar (en el 53% de nuestro territorio solo vive el 5% de la población, y el 13% de España tiene una densidad de población inferior a 8 hab/km2, lo que la convierte en un desierto demográfico).

Así que vaya nuestro reconocimiento y agradecimiento a las mujeres rurales que son el paradigma de la importancia de los cuidados en el progreso de una sociedad, y a pesar de ello, siguen pendientes aún de valorar en su justa medida.

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