Mar Celemín.

El 15 de junio de 2007 las Naciones Unidas declararon el 2 de octubre como el día Internacional de la No Violencia, coincidiendo con el día de nacimiento de Gandhi, primer ideólogo de la resistencia no violenta basada en rechazar cualquier acto que no fuera pacífico para lograr objetivos políticos o cambios sociales. Aquel hombre de aspecto frágil pero de robusta integridad, honestidad y nobleza, se sentiría probablemente muy decepcionado si observara hoy los conflictos que asolan al mundo y que se alejan de aquella filosofía de hacer una sociedad más humana, justa y solidaria eliminado la violencia.

Aquel Alma Grande ”Mahatma”, como lo definió el polifacético Tagore, observaría con consternación cómo el contenido de la Resolución de Naciones Unidas basado en su filosofía de vida y en homenaje a su persona, no tiene reflejo alguno en el escenario internacional, donde pocos indicios hay de que predomine la No Violencia. El prodigioso Einstein señalo de Gandhi que “quizás, a las generaciones venideras les costará creer que un hombre así anduvo por la tierra” y una vez más acertó el Genio, pues verdaderamente cuesta creer la torpeza del ser humano incapaz de recoger el legado y seguir la huella de este hombre de “Alma Grande” que anduvo por la tierra sembrando una cultura de paz, tolerancia, comprensión y solidaridad.

En la actualidad, son múltiples los conflictos bélicos que se extienden a lo largo y ancho de nuestro planeta, algunos de ellos especialmente encarnizados y de consecuencias devastadoras. Todos tenemos en la retina las imágenes dramáticas de Siria. Pero el listado resulta interminable, Irak, Irán, Afganistán, Yemen, Sudan del Sur, Republica Centro Africana, Somalia, Este de Ucrania, Palestina e Israel… Así podríamos seguir hasta completar todo este artículo enumerando solo conflictos. Basta sombrear un mapa del mundo y observar cómo son menos los espacios en blanco donde afortunadamente prevalece la paz. Entre ellos la Unión Europea porque aquélla, entre otras, ha sido una de las principales virtudes de conformar un espacio común.

La misma Unión Europea que parece mirar hacia otro lado ante el drama humanitario de los flujos migratorios que han generado los conflictos bélicos. A finales de 2017 se contabilizaron 25,4 millones de refugiados, 40 millones de desplazados y 3,1 millones de solicitantes de asilo. Ante ello, una Europa donde la crisis no sólo se llevó por delante empleos y negocios, sino también y lo que es peor, valores de solidaridad, humanidad y justicia social, dando paso a peligrosas corrientes de pensamiento xenófobo y a la utilización de los refugiados para generar alarma social o como arma política arrojadiza para generar broncas estériles que no llevan más que a dar la espalda a los vulnerables y a quebrantar los mismísimos pilares de una Unión Europea social y solidaria.

Porque, no lo olvidemos, si algún colectivo es especialmente vulnerable en todo este escenario, ése es el de los niños y las niñas que, además de la muerte, son víctimas de agresiones sexuales, del hambre, del reclutamiento forzoso, de ser utilizados como escudos humanos, de la orfandad, de arrebatarles su infancia, su presente y su futuro. Todo ello en un mundo donde se vulneran, sin castigo alguno, las leyes internacionales relativas a los derechos humanos y de la infancia.

Europa está obligada de forma urgente a establecer una política migratoria con la implicación de todos los estados miembros, habilitando los recursos necesarios para hacer frente a las dimensiones del problema. Además, es fundamental la cooperación y la inversión en los países de origen para contener, donde sea posible, la emigración y perseguir a las bandas que hacen repugnantes negocios en medio de todo el caos.

En un día conmemorativo de la No Violencia, hay que volver a denunciar la que se salda día a día con una escalada imparable de muertes entre mujeres y menores víctimas de violencia de género. Ya son cerca de 1.000 las muertes registradas desde que en 2003 contamos con registros. Una cifra inadmisible que exige ejecutar el Pacto contra la Violencia de Género y los recursos y medidas necesarias para poner fin a este feminicidio.

Asimismo en nuestra región, las personas que ejercen la actividad política y que vienen sufriendo estos meses violencia y amenazas, merecen el apoyo y solidaridad de toda la sociedad, pues es la libertad y la democracia lo que está en juego cuando se amenaza y se ataca a quienes pone su trabajo y su vida personal al servicio del interés público.

No podemos olvidarnos de los compañeros que ejercen la actividad sindical en Colombia bajo amenazas de muerte que tristemente llegan a ejecutarse: desde la firma de los paradójicamente denominados Acuerdos de Paz han sido asesinados más de 300 sindicalistas por defender los derechos sociales y laborales en su país. Es necesario continuar impulsando el programa de cooperación internacional de apoyo a estos colectivos que lleva a cabo el Principado de Asturias, además de brindarles nuestro apoyo, solidaridad, afecto y admiración por su valentía.

Para terminar, hay que mencionar otro tipo de violencia, no física y sin duda bien diferente a toda la anterior, pues todos coincidimos en que nada hay más valioso que la vida. Pero teniendo bien claro la absoluta diferencia entre ambas, violencia también es la que fustiga la dignidad de las personas, y es que hoy en día son muchos quienes sufren la “violencia” de no tener empleo, de no tener recursos económicos para hacer frente a sus necesidades más básicas, de sufrir desahucios y perder sus casas. La brecha social se agrava, los pobres son más pobres y los ricos más ricos. En España se han triplicado en una década el número de grandes fortunas mientras figuramos entre los tres países de la Unión Europea donde más ha crecido la pobreza y la exclusión social.

Todo ello exige finalizar con la precariedad laboral, dignificar los salarios e impulsar la protección social. En definitiva repartir la riqueza y los beneficios empresariales de forma más justa y equitativa, manteniendo y defendiendo a su vez mecanismos de protección como aquí en Asturias es el Salario Social que impide abandonar a su suerte a un buen número de personas sin recursos.

Hoy, en el día de la No Violencia, debemos reivindicar más que nunca los principios de solidaridad, justicia y respeto. Así dejaremos un buen legado a las generaciones futuras que, entonces sí, creerán que alguien como Mahatma Gandhi pasó por la tierra.

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