En relación con las declaraciones realizadas por el Presidente de la FADE relativas al absentismo laboral, realizadas en la presentación del informe elaborado por la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT), desde la UGT queremos poner de manifiesto varios aspectos: en primer lugar la cuantificación del coste que supone el absentismo es engañosa.

Se parte de una estimación falaz ya que la legislación laboral distingue claramente entre la falta al trabajo por razones justificadas como es una enfermedad o accidente y cuando no hay motivos para faltar al trabajo. Es por ello que invitamos a leerse la definición que según la Real Academia de la Lengua define el “absentismo” como abstención deliberada de acudir al lugar donde se cumple una obligación.

En segundo lugar, atribuyen la elevada duración de las bajas en Asturias al “cuello de botella” que se produce en los Servicios de Salud y en el INSS, en este caso es preciso señalar que esta mayor duración de las bajas guarda relación con las características de la población trabajadora, Asturias destaca por tener una de las poblaciones más envejecidas del país y esto también tiene sus repercusiones en nuestro mercado de trabajo, de manera que en nuestra región el 21,5% de los ocupados de acuerdo con la EPA tiene una edad superior a 55 años frente al 17% a nivel nacional.

En esta población más envejecida tiene mayor incidencia determinados trastornos musculoesqueléticos, también cabe explicar que muchas de estas enfermedades se señalan como enfermedad común cuando tienen su origen en lo laboral. La siniestralidad laboral en nuestra región avanza imparable y deja cifras alarmantes.

En los siete primeros meses del año 11 personas han perdido la vida en el trabajo, lo que deja un balance de más de una muerte por mes y muy por encima de los registrados en el mismo periodo del año anterior contabilizándose 4 muertes más.

Ni que decir tiene que detrás de este repunte de la siniestralidad está una menor inversión por parte de las empresas en materia de prevención de riesgos laborales, que aprovechando el pretexto de la crisis han reducido sus costes, por lo que reclamamos una mayor implicación de las empresas en materia de seguridad y salud laboral.

A esto se une las cada vez peores condiciones laborales que existen en nuestro mercado laboral con unas tasas de temporalidad que afectan a uno de cada cuatro trabajadores, así como un uso fraudulento de la contratación a tiempo parcial y una creciente rotación laboral que hace que un trabajador encadene contratos sucesivos a lo largo del año.

Estos elevados niveles de temporalidad explican en parte las elevadas cifras de accidentes ya que estos trabajadores aceptan tareas arriesgadas ante el temor de perder su empleo que un trabajador con contrato indefinido no asumiría.

Desde la UGT hemos venido alertando de la infradeclaración del registro de enfermedades profesionales ya que muchas de ellas, derivadas de riesgos psicosociales como el estrés, no se incluyen en dicho registro y tienen a su vez una mayor relación con los trastornos musculoesqueléticos que son el principal motivo de baja médica tanto por enfermedad común como por enfermedad profesional o derivada del trabajo.

Asimismo, muchas enfermedades de origen profesional que deberían ser atendidas por las mutuas se derivan al servicio público de salud y son tratadas como enfermedad común con lo que se produce un trasvase de costes.

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