Javier Fernández Lanero

Asturias es paraíso natural, sí. Tenemos paisaje de montañas y bosques, playas envidiables; gastronomía de mar y montaña, tradicional y al tiempo innovadora. Y al mismo tiempo tenemos astilleros, minería y siderurgia, es decir, industria. El equilibrio entre paraíso natural e industrial es lo que ha hecho que Asturias sea lo que es; por lo que presumimos fuera de nuestra tierra y por lo que se nos conoce y reconoce.

Asturias es un territorio industrial. El sector representa más del 20% de nuestro Producto Interior Bruto y es el motor que impulsa nuestra economía, el que empuja al resto de actividades económicas, como comercio, turismo, servicios en general, etc. Por eso, nuestra industria es un bien a proteger con uñas y dientes por parte de todos los agentes económicos, políticos y sociales; por eso es necesario hacer un frente común de toda la ciudadanía asturiana abanderada por las organizaciones e instituciones que la representan, ante las ciertas amenazas que ponen en peligro la supervivencia de nuestra industria y que pueden acabar haciendo de Asturias una ciénaga de subsidios, pobreza y miseria; sin jóvenes, sin proyectos de futuro… en definitiva, un buen lugar para morir, pero no para vivir, desarrollarse profesionalmente y aspirar a tener un plan de vida.

La amenaza surge de nuestra singularidad respecto al resto de comunidades autónomas de España, por nuestra dependencia de las centrales térmicas de carbón para el consumo de energía. La descarbonización exprés que invade Europa y que nuestro país se empeña en abanderar, supondrá, según diferentes estudios, un aumento de al menos el 12% de coste eléctrico para nuestras empresas industriales.

Si tenemos en cuenta que el coste eléctrico ya es muy superior al de la media de la Unión Europea -por ejemplo, un 30% más para las empresas asturianas en comparación con las alemanas- queda muy clara la pérdida de competitividad que puede sufrir nuestra industria, especialmente las empresas electrointensivas, en algunos casos multinacionales muy importantes que suponen el 17% de nuestro Producto Interior Bruto.

Si a esto añadimos una subasta eléctrica semestral que no invita precisamente a hacer inversiones a medio y largo plazo al desconocer el coste eléctrico que van a tener en un futuro inmediato y con paquetes de kilowatios cada vez más pequeños poco amoldables a las necesidades de nuestras empresas, está servida en bandeja la deslocalización de nuestra industria.

Por añadidura, la descarbonización exprés traerá consigo la pérdida del empleo directo e indirecto de las centrales térmicas, hará descender un 30% los tráficos del Puerto del Musel poniendo en peligro su necesidad y su competitividad y dejará sin trabajo a los transportistas que trasladan ese mineral del puerto a las térmicas. En total, supondrá un riesgo para cincuenta mil trabajadores y trabajadoras asturianos.

Hemos de añadir que en nuestra comunidad autónoma tenemos 70.000 desempleados, el 53% de ellos sin ningún tipo de prestación por ser parados y paradas de larga duración. Además, una de cada cuatro personas en Asturias tiene un trabajo temporal, el 40% de los contratos que se hacen son a tiempo parcial, un 47% son inferiores a un mes y el 35% duran menos de una semana, nos encontramos con un 15% de trabajadores y trabajadoras pobres, de tal manera que el 39% de los hogares no pueden afrontar gastos imprevistos ni coger una semana de vacaciones. La renta media por hogar ha caído un 6,9% respecto a 2008.

Paralelamente, sigue sin aprobarse el plan demográfico para combatir dos gravísimos problemas -el envejecimiento de la población y el terrible descenso de la población activa- que se agravan sobre todo en las alas de Asturias, que experimentan una despoblación en aumento.

La pregunta es ¿nos hemos vuelto locos? ¿Dónde están la ventaja y la necesidad de esta descarbonización improvisada y tan apresurada?

La lucha contra el cambio climático es una necesidad de primer orden, pero tiene que ser global, de todo el planeta, no se trata de deslocalizar empresas en España y en Europa para que se ubiquen en otros lugares menos restrictivos medioambientalmente. El aire que respiramos no tiene fronteras, lo que sucede en cualquier lugar de este mundo nos afecta directamente. De nada sirve cerrar centrales nucleares en España y mantenerlas abiertas en Francia, o ir a una descarbonización en la Unión Europea mientras el resto del mundo sigue quemando carbón.

Todos los grupos políticos y gobiernos en España hablan de la necesidad de que nuestro país sea cada vez más industrial al mismo tiempo que sus actos y decisiones van en dirección contraria. La situación es muy seria para hacer política de esta amenaza.

En la UGT de Asturias estamos proponiendo soluciones. Necesitamos una estrategia industrial como país, lo que pasa por un Pacto de Estado por la Industria que tiene que incluir un plan energético nacional consensuado con una ley que determine y regule precios para las empresas electrointensivas, un sistema para establecer precios que sustituya al actual de subasta eléctrica por otro que establezca garantías y certidumbre del coste y que permita a las empresas hacer inversiones. Necesitamos también poner en marcha las conclusiones que estamos definiendo en la mesa del Foro por la Industria, que pasan por avanzar en la industria 4.0 (digitalización de procesos, robotización, etc.).

Tenemos que desarrollar, dentro de este sector, todo lo relativo a las TIC. Del mismo modo, es necesario que las empresas industriales apuesten por la formación dual para dar respuesta al relevo generacional que se va a producir en el sector y que va a necesitar de mano de obra cualificada. Y, tanto para mantener como para atraer proyectos industriales, necesitamos infraestructuras físicas (carretera, ferrocarril) e industriales (Zalia, Musel, etc.), y buenas conexiones aéreas.

Las amenazas ya son realidades -como se ve con el caso de Alcoa-, que pueden suponer el inicio de una nueva reconversión industrial cuyas consecuencias para Asturias serán demoledoras. Es por tanto el momento de dejarse de discursos de ministras desafortunados, de aparcar los enredos de los grupos políticos buscando culpables, de limitarse a anunciar soluciones a través de titulares en los medios de comunicación. Es el momento de buscar soluciones todos juntos, de establecer estrategias de Estado, buscar las reformas legislativas necesarias, en definitiva de hacer política con mayúscula al grito de Alcoa no se cierra.

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