La ficticia negociación del pacto salarial

Artículo de Javier Fernández Lanero, publicado en La Nueva España el sábado, 5 de agosto 2017.

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El hecho de que no se alcance un pacto salarial entre sindicatos y CEOE responde a los patrones que últimamente se han puesto de moda en aquellas negociaciones donde hay o puede haber un trasfondo político que provoca que el objetivo y los beneficiarios del virtual acuerdo sean lo de menos, porque lo único que importa es el interés particular.

Desde el primer momento hemos asistido a una negociación ficticia. No había ningún interés real de los empresarios por firmar ningún acuerdo de subida salarial, pero estaban obligados a escenificarlo en este momento en que el Gobierno de España, la Unión Europea, la comunidad Internacional, e incluso muchos empresarios a nivel particular, señalan la necesidad de incrementar los salarios para fomentar el consumo. Si la gente compra, las empresas venden, y si venden pueden crean puestos de trabajo, subir salarios y pagar más impuestos, con lo que el Estado recaudará más dinero, generando, por tanto, una dinámica de crecimiento.

Ante este panorama, la estrategia empresarial fue evidente: pocas reuniones y de poco contenido y llevar la negociación fuera de la mesa a golpe de titular en los medios de comunicación, convirtiendo la misma en un espectáculo mediático que trasladase la imagen ficticia de que tenían un interés real.

Pero la realidad se manifiesta con datos claros que no dan lugar al engaño. En 2016, el salario medio descendió un 0,3% mientras la economía creció un 3,2%. Antes de la crisis, los salarios representaban más del 50% del PIB, mientras que en la actualidad están en el 47%. En la industria, la actividad es prácticamente la misma que en 2008 (solo un 2% menos), sin embargo la masa salarial de los trabajadores de este sector perdió más de un 16%, y todas estas rentas salariales perdidas han ido a parar a los beneficios empresariales y a impuestos. De tal manera que al mismo tiempo que se reducen las rentas salariales aumentan las rentas al capital.

Parece indecente que mientras España crece a un ritmo de más del 3% a los trabajadores no se les quiera subir el sueldo en la proporción que encarece la vida (IPC) y que a los empleados públicos se les suba un 1% y a los pensionistas un 0,25%.

En definitiva, que el crecimiento económico y la recuperación de los beneficios de las empresas se están logrando a costa del salario de los trabajadores, de los empleados públicos y de las pensiones, así como de la precariedad laboral y de la desigualdad creciente entre los trabajadores y trabajadoras de este país.

Al tiempo, cada vez hay más recortes económicos en educación, sanidad, en igualdad, en políticas activas de empleo, en dependencia. La única cifra que crece y se multiplica es la de la corrupción.

No tiene ningún sentido pretender sustituir el IPC como instrumento objetivo que mide lo que sube la vida por los beneficios empresariales. No nos engañen, los trabajadores no somos unos pobres ignorantes. Sabemos lo que son los balances, las cuentas de resultados y las auditorías, y querer ligar la subida salarial a estas variables tan subjetivas, que permiten tantas combinaciones y juegos, es lo mismo que decir que nos subirán el salario cuándo y cómo quieran.

La reforma laboral ha desnivelado mucho la balanza entre empresarios y sindicatos, y ahora es mucho más rentable sujetarse a la ley que acordar con los agentes sociales. Pues reconózcanlo, pero no quieran engañarnos diciendo que hay que subir los salarios para luego no hacerlo. Y no nos digan tampoco que las empresas van muy bien, porque si es así cabe interpretar que van muy bien en todo menos para subir salarios, que esa ya parece ser para ustedes otra cuestión.

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